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(1) ¿Son gnósticos los evangelios coptos?
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«La inclinación de los sofistas hacia los desvíos apócrifos, es una cantidad constante.»
—James Joyce,
Ulises

Desde el anuncio inicial del descubrimiento de Nag Hammadi y hasta la actualidad, la biblioteca entera ha sido habitualmente calificada de ‘gnóstica’, lo mismo en la literatura erudita que en la prensa popular.[1] Para empezar, la Biblioteca de Nag Hammadi entera fue llamada así en las primeras ediciones de Tomás publicadas (1956+59, de Biblio.8)—cual clasificación fue entonces aceptada por virtualmente todos los que consideraron el texto. Así, representativo de la mayoría de las publicaciones fue el informe de Robert M. Grant y David Noel Freedman, Los dichos secretos de Jesús (1960): «[Con respecto al] evangelio de Tomás, [Jean] Doresse hojeó este evangelio en la primavera de 1949 y después anunció que era ‘una composición gnóstica’.… El evangelio de Felipe no contiene nada más que especulaciones gnósticas.» No tardó mucho en aparecer una opinión más erudita, al menos sobre Tomás, de la autoridad estacada Gilles Quispel, en la reunión centenaria de la Sociedad de Literatura Bíblica en 1964: «El evangelio de Tomás … no es de ninguna manera gnóstico. Los partidarios de la interpretación gnóstica … tendrían que explicar como el autor podría decir que el cadáver enterrado puede levantarse de nuevo (logion 5 en la versión griega).» Sin embargo, infortunadamente, el punto aparentemente irrefutable de Quispel fue muy pronto eclipsado por una oleada de fascinación, lo mismo en las publicaciones académicas que en los medios de comunicación, con las seducciones aparentemente más exóticas del gnosticismo.

Aunque haya de hecho escritos más o menos gnósticos entre las varias docenas de títulos encontrados tan significativamente cerca del yacimiento del monasterio arquetipo de San Pacomio, se puede demostrar que los tres evangelios coptos de esa colección no son gnósticos en su contenido. Esto se puede hacer bien fácilmente por un silogismo elemental; el resto del presente ensayo consistirá, pues, en probar las dos premisas—de las cuales la conclusión se sigue como demostrada.[2]

1. Ningún texto que afirma la realidad y santidad de la vida encarnada, se puede etiquetar correctamente como ‘gnóstico’.
2. Los evangelios coptos de Tomás, Felipe y la Verdad (al igual que el Antiguo Testamento entero, los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento y los Hechos de los Apóstoles) aseveran explícitamente la realidad sagrada de la vida encarnada.
Por eso 3. No son ni escritos ni compilaciones gnósticos. QED
Prueba de la premisa primera:
Gnosticismo, Enciclopedia británica, edición CD-ROM 2002: «En la opinión gnóstica, el yo inconsciente del humano es consustancial con el Dios Supremo; pero a causa de una caída trágica, ese yo se echa en un mundo totalmente ajeno a su ser verdadero. Por una revelación desde arriba, el humano se entera de su origen, esencia y destino trascendental. La revelación gnóstica hay que distinguirla ... de la revelación cristiana, en que no se radica en la historia ni se transmita por la sagrada escritura. Al contrario, es la intuición del misterio del yo. El mundo, producido de la materia maligna y poseído por demonios malos, no puede ser la creación de un Dios bueno; se considera por la mayor parte como una ilusión o un aborto.»
Prueba de la premisa segunda:[3]

Sostener que todos esos pasajes fueron metidos en documentos por lo demás gnósticos, lo único que haría sería desviarnos de la cuestión; omitir de la consideración todos y solamente pasajes contrarios per se, constituye el error lógico llamado petitio principii. Es más, tendríamos entonces que preguntarnos por qué los demás logia de estos tres evangelios deben de ser considerados gnósticos en principio, puesto que la realidad encarnada allí no se niega.

Conclusión: Se sigue que los evangelios de Tomás, Felipe y la Verdad no son ni composiciones ni compilaciones gnósticas.

De acuerdo que es escandaloso que casi una generación entera de estudiosos hubieran errado sobre algo tan elemental y tan esencial que esto (Tom 39!). Bien, había una variedad amplia de escrituras y movimientos gnósticos en la antigüedad, a menudo influidos por la desconfianza platónica de los sentidos; y en verdad han habido muchas sectas gnóstico-teosóficas junto con sus escritos en los tiempos modernos, sin duda más influidas por las tradiciones religiosas del Oriente que por Platón. Pero esto no guarda relación con los tres evangelios coptos, los cuales—igual que los cuatro evangelios canónicos—no se pueden considerar documentos gnósticos.[4]

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1Las citaciones en Comentarios Eruditos Modernos no son más que excepciones notables—que el estudiante podrá encontrar sólo por medio de una revista extensa de la literatura más académica. Más típicos son los títulos perjudiciales del éxito de librería Los evangelios gnósticos, de Elaine Pagels (1979); la serie erudita entera de E.J. Brill, Nag Hammadi Studies: The Coptic Gnostic Library; y The Coptic Gnostic Library: A Complete Edition of the Nag Hammadi Codices, Editor General James M. Robinson (2006)para estos últimos un título más apropiado, sin duda, sería The Coptic Monastic Library etcétera.

2O, en la forma de una inferencia modal:

1. (x)(Φx → ~Ψx)

2. Φa,b,c.

Ergo 3. ~Ψa,b,c.

Donde: → = vinculación lógica; ~ = negación; Φx = x afirma la santidad de la realidad encarnada; Ψx = x es gnóstico; a,b,c = los tres evangelios coptos.

3Descargue la fuente copta e instálese en C:\Windows\Fonts.

4Para un ‘evangelio’ copto recién descubierto (hallado en los 1970 cerca de El Minya en Egypt) , el cual por contraste ciertamente es gnóstico además de seudónimo, véase el Evangelio de Judas Iscariotes. Ese documento contiene palabrería gnóstica típica como: «El primero es [S]et quien es llamado Cristo, el segundo es Harmathoth quien es [...], el tercero es Galila, el cuarto es Yobel, el quinto [es] Adonaios; estos son los cinco que reinaban sobre el mundo de abajo y primeramente sobre el caos.... Entonces Saklas dijo a sus ángeles: Vamos a crear a un ser humano según la similitud y según la imagen. Formaron a Adán y su esposa Eva—quien es llamada, en la nube, Zoe.» Véase también April D. DeConick, ‘Gospel Truth, New York Times Op-Ed (1.XII.07).